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Azul en la Mesana. Los valores novelescos de O'Brian.

Escrito por El Malvado Acidonitrix , Lunes 17 de Mayo de 2004
   7 Comentarios
Archivado en: Patrick O'Brian

Anotaciones sobre la serie de novela naval de Patrick O'Brian (1914-2000)

Patrick O'Brian (1914-2000) escribió una de las mejores series de literatura naval. Es imposible decir si es la mejor sin provocar la típica polémica al estilo PC vs MAC, rubias o morenas, linux vs windows. El caso es que para estas navidades había reservado su última novela, Azul en la Mesana, como lectura de vacaciones. Uno la recoge con aprensión: con esta se termina el ciclo, y ya no puede haber sino lamentables pastiches o excavaciones en anexos o compendios y atlas.

Durante muchos años, la aparición semestral de un nuevo título fue uno de los acontecimientos de los habituales en la biblioteca pública. Ser el primero en cogerlo tenía su mérito y era una actividad de merodeadores. Una pena dejar de recibir la visita habitual de dos viejos conocidos: es lo que tienen las despedidas definitivas.

Hubo un momento, hará tres o cuatro años, que cogí los libros de tres en tres de dos bibliotecas diferentes y me puse a releerlos de seguido en agosto. Cuando se agotó el filón y los nuevos títulos estaban demasiado frescos para la relectura, fui a Amazon e investigué qué leen los asiduos a la serie. De ahí llegué a escarbar en los fondos de otros ases del género: Forrester, hoy en día un desconocido que en tiempos se ocupó el guión de la Reina de África, escribió unas cuantas novelas sobre un tal Horatio Hornblower. Alexander Kent hizo lo mismo con un tal Bolitho. Pope tiene a su Ramage. Todo esto ha ido traduciéndose o reeditándose tras el éxito de O'Brian. Luego Pérez-Reverte sacó un par de columnas acerca del asunto y la cosa se popularizó ya masivamente. Otros autores que quisieron aprovechar el rebufo intentaron emular el éxito de la serialización: Lunn, que se centra más en barcos de vapor primitivos, y Scarrow, que no tiene nada que ver con el tema, pero que dijo que quería hacer una serie de romanos cogiendo lo mejor de Falco y de O'Brien, y en eso anda, con resultados aleccionadores: se pongan como se pongan los manuales de autoayuda, proponérselo no es poder (oh, cielos, polémica al canto). En fin, fueron dos años intensos escarbando por aquí y por allí, pero lo malo de empezar por el mejor plato es que el resto del banquete decepciona.

No puedo decir si, desde un punto de vista marinero, las novelas de O'Brian son una tomadura de pelo, pero sí que constituyen una historia consistente. Quizá la diferencia radique en que el argumento no siempre se situa en el mar, sino que abarca más aspectos. O'Brian teje la serie alrededor de dos personajes: Jack Aubrey y Stephen Maturin. El primero es un capitán con bastante suerte, basado en un personaje histórico, Thomas Cochraine, cuyas hazañas en el mar y sus meteduras de pata en tierra y en política son verídicas. El segundo es un cirujano y naturalista catalano-irlandés, que se emplea como espía británico durante las guerras napoleónicas. Ambos personajes forjan el andamio narrativo que tanto éxito ha proporcionado a la serie: la relación entre dos amigos y los asuntos que manejan en la guerra. Los argumentos ocurren tanto en tierra como en el mar: conspiraciones, historias de espías, acciones navales, desembarcos, piratería y corso, naufragios, embajadas en Asia, el desencuentro personal entre Maturin y Aubrey, su competición por el amor de la misma mujer, las infidelidades, los amores no correspondidos, los equívocos y las confusiones, las adicciones al opio y la coca de Maturin. La relación entre este y el capitán inglés permite la explicación amena de los conceptos naúticos. Muchas de las descripciones son dialogadas, es decir, uno deduce cómo es el mundo de la época de lo que dicen los personajes, de manera muy semejante a las descripciones navales, lo que da un frescor alejado del didactismo de otras novelas, y lejos del monólogo interior de-aquel-que-está-solo-en-el-mando.


7 comentarios

Bla Bla
Dice: Capitán Feraud, Martes 18 de Mayo de 2004

Deberias leer "blandir la espada" de Richard Cohen. Si es que no lo has hecho ya, claro.


Bla Bla
Dice: Acidonitrix, Sábado 5 de Febrero de 2005

FIJACIÓN. No sabemos qué pasa, pero a esta nota le llega un montón de spam. Aunque hemos tomado nuestras medidas, de tarde en tarde se cuela alguno y viene a parar aquí. A veces tardamos en limpiarlo, así que, por lo que pueda ocurrir, nuestras disculpas si la casa no está bien barrida.


Bla Bla
Dice: f.j.c.s., Martes 10 de Mayo de 2005

No es sino con la mayor de las satisfacciones que celebro haber terminado, por fin, los veinte libros de la saga. Y en viendo que no hay epílogo, lo cual me entristece por algunos cabos sueltos que deja el autor, me pregunto, entre otras cosas, por qué George Aubrey decepcionó a H. Dundas en su primera singladura marina.


Bla Bla
Dice: f.j.c.s., Martes 10 de Mayo de 2005

A la verdad y por que me place el género, me he pasado a Pérez Reverte (Cabo Trafalgar, Alatriste, etc...). Acostumbrado a OBrien, devoro las nuevas lecturas a la velocidad que me zamparía las tostadas con queso de P. Killick. ¿Qué biografía o símil decente sobre Thomas Cochraine podría leer? Espero sugerencias, no hay un minuto que perder.


Bla Bla
Dice: e.m.a., Martes 10 de Mayo de 2005

Hola. No recuerdo bien el detalle de la decepción de Dundas, pero quizá O'Brian no tenía pensado morirse. Lo cierto es que el final de la serie, sobrevenido o no, viene precedido por un cierto cansancio del autor, pues determinadas tramas se truncan repentinamente y ciertos personajes mueren con indiferencia en la narración.

De Cochrane existe una biografía publicada en 2002 por la misma Edhasa: Thomas Cochrane (1775-1860) : libertador de Chile, Brasil y Grecia. ISBN 84-350-3997-8, (http://www.edhasa.es). Los hechos históricos son fascinantes, no así la narración, pues es un libro de Historia, y, de hecho, resalta los valores novelescos de O'Brian (por ausencia, queremos decir). Hay también en Edhasa un librito escrito por O'Brien dedicado a la marina de Nelson, pero se queda corto, sabe a poco, y es mayor su interés completista que otra cosa.


Bla Bla
Dice: f.j.c.s., Miércoles 11 de Mayo de 2005

Gracias por lo de Cochraine, tomo nota.

Respecto al hijo del capitán, George Aubrey (cap. 9 de Azul en la Mesana), y con ocasión del último correo de Sophie, Jack se confiesa emocionado ante Maturin por la bondad y bravura de su esposa, sola en Inglaterra al cuidado de la familia y en la administración de los haberes, mecionando entre otros pormenores que "... aunque por lo visto... Heneage Dundas no está muy satisfecho con la conducta de George en el Lion". Luego no se descubre por qué.

Coincido plenamente respecto al cansancio del autor al final del ciclo, cuyas últimas entregas pierden la chispa de anteriores relatos. En cuanto a las tramas truncadas y las muertes repentinas bajo la indiferencia de la narración, es por ello que no en vano que quejo de falta de epílogo. Las muertes de D. y de la Sra. B., así como la de B.B. en combate (personajes de peso), apenas se lamentan y sus circunstancias y consecuencias se abordan por el autor en menor medida que cualquier otra maniobra marinera.
¿Qué fue del espía Dutourd, aquél francés que quería fundar una utópica colonia anarquista, por cuya traición perdió Maturin algunos de los dedos de su pie?, ¿aceptaría C. finalmente a Maturin?, etc...

No creo que el autor no pensara morirse -la última publicación data de 1999-, más bien imagino que quería alargar hasta donde pudiese el contrato editorial de su obra más famosa. Quizá algún día publiquen sus herederos apuntes o esbozos -si existen- de un final digno a semejante trabajo.

Nuevamente mi gratitud a e.m.a. por su inmediata respuesta.


Bla Bla
Dice: jorge puerta fonseca, Lunes 6 de Agosto de 2007

de la vida de cristobal colòn



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